El taller FACS Emprende, realizado el 21 de agosto en la Escuela de Negocios, sirvió como puntapié para una pregunta clave entre quienes quieren comenzar: ¿por dónde arrancar?
La respuesta de los referentes apunta en una misma dirección. No hace falta tener todo resuelto. Un emprendimiento puede comenzar con un problema bien identificado, una conversación con un potencial usuario y la disposición a aprender, probar e iterar.
Empezar por un problema real
Mateo Laborde, coordinador académico adjunto de la Licenciatura en Negocios Digitales, recomienda comenzar por entender un problema: observar el entorno, conversar con personas e identificar procesos frustrantes, lentos, caros o ineficientes.
La clave es “empezar chico”. Una hipótesis y algunas conversaciones con potenciales usuarios pueden aportar información valiosa. “Emprender es, en gran medida, un proceso de aprendizaje”, sostiene Laborde. Cuanto antes una idea se contrasta con la realidad, antes aparecen datos para decidir cómo seguir.
Enrique Topolansky, director ejecutivo del Centro de Innovación y Emprendimientos (CIE) de ORT, señala que una idea puede ser la chispa, pero no alcanza. Partir de un problema permite entender a quién se puede ayudar y qué necesita resolver.
Validar una idea: probar antes de asumir
Una buena idea no garantiza que una solución funcione. Gonzalo Argenti, coordinador académico adjunto de la Licenciatura en Gerencia y Administración, plantea que el paso decisivo es obtener evidencia.
Validar supone comprobar si el problema existe, medir el interés, crear un prototipo, observar cómo responden algunos usuarios y recoger sus opiniones. Luego aparece otra pregunta clave: ¿la propuesta es viable y alguien estaría dispuesto a pagar por ella?
El objetivo es pasar de “creemos que esta idea puede funcionar” a “tenemos pruebas de que puede funcionar”. En otras palabras: probar antes de asumir.
El cliente en el centro
Al comenzar un emprendimiento, dos errores frecuentes son perder de vista las necesidades de los potenciales clientes y pretender asumir todas las tareas sin recurrir al apoyo de otras personas, explicó Alejandro Lebel, coordinador académico de la Licenciatura en Marketing y Dirección Comercial.
Según él, concentrarse en los aspectos económicos y en la escalabilidad de una iniciativa sin conocer suficientemente al público objetivo puede llevar a invertir tiempo y recursos en un producto o mercado equivocados. Por eso, señaló que las decisiones deben apoyarse en el conocimiento de los potenciales clientes y del mercado, teniendo en cuenta además los sesgos que pueden surgir de la propia visión del emprendedor.
El segundo desafío consiste en reconocer que no es posible dominar todas las áreas necesarias para desarrollar un negocio. En ese sentido, Lebel destacó el valor de conformar equipos con perfiles y conocimientos complementarios. El CIE constituye un espacio en el que emprendedores de distintas disciplinas pueden vincularse y encontrar capacidades complementarias para desarrollar sus proyectos.
Tecnología e IA para experimentar más rápido
La inteligencia artificial puede ayudar a investigar mercados, analizar competidores, estructurar entrevistas, ordenar información, detectar patrones y poner a prueba distintas hipótesis.
A esto se suman herramientas de diseño, analítica, automatización, programación y plataformas no-code o low-code, que permiten crear prototipos, landing pages o primeras versiones funcionales sin necesitar grandes equipos ni inversiones iniciales.
Para Laborde, el cambio central es que hoy “experimentar cuesta mucho menos”. Un estudiante puede pasar de una hipótesis a una prueba real, observar la respuesta del mercado y ajustar su propuesta antes de comprometer recursos importantes.
El CIE como parte del camino
El CIE trabaja de forma transversal con estudiantes de todas las facultades de ORT. Su acompañamiento incluye el desarrollo de la actitud emprendedora, la validación de ideas, la búsqueda de fondos, la conexión con inversores, la salida al mercado y el crecimiento de los proyectos.
Topolansky lo compara con un “gimnasio” para emprendedores: un espacio donde mentores y emprendedores orientan, pero también donde se genera una comunidad que se apoya durante el proceso.









