Luis Ara y un viaje alucinante

Luis Ara y un viaje alucinante
Fecha: 05/03/2018

Al emprendedor Luis Ara Hermida siempre le interesaron los deportes. A los 14 años, formó un club con un grupo de amigos y comenzó a jugar al rugby. Perdían todos los partidos por más de 100 puntos, pero él se iba contento a su casa. No solo le gustaba estar con sus amigos; el desafío era evitar que les hicieran 200 puntos. Un día, perdieron por solo 70. Otro, por 60; hasta que al final del año ganaron su primer partido.

Aprendió a trabajar para conseguir un objetivo. Esa experiencia le dio una “frutilla y una zanahoria”. “Me hizo convencerme de que si yo trabajaba –especialmente en equipo–, tarde o temprano, las cosas llegaban. Incluso lo imposible”, aseguró Ara en la conferencia “¿Qué tienen en común el sushi, el cine y la publicidad? Un emprendedor: Luis Ara Hermida”.

Allí contó su experiencia tras su paso por la Licenciatura en Gerencia y Administración de la Universidad ORT Uruguay y como emprendedor en el desafiante mundo de los negocios. También explicó cuáles fueron los desafíos y las oportunidades a los que se enfrentó y brindó una serie de sugerencias para aquellos que piensan en emprender.

La conferencia se llevó a cabo el jueves 1.° de marzo de 2018, en el Hemiciclo del Campus Pocitos.

Vivir hoy y ahora, pensando en mañana

Luis Ara se propuso que su vida profesional fuera un disfrute lo “más parecido a tirarse un clavado en Tailandia”: “Cuando arranco mi día voy subiendo la colina. En algún momento, me tiro de clavado. En ocasiones, me doy un golpazo. Otros, la paso bien y hay veces en las que me enojo”.

A lo largo de su día, hay cosas que realiza que preferiría no hacer. Pero se amigó con ello cuando entendió que la vida no se trata de “hacer clavados todo el tiempo”.

Repite que “el camino es la recompensa”. Aunque advierte que la frase de Oscar Tabárez, el técnico de la selección uruguaya de fútbol, puede ser trillada, resume perfectamente sus ideas.

Sin embargo, Ara revela que, aunque no suene muy simpático, no está completamente de acuerdo con vivir el hoy y el ahora. Su idea es vivir el “hoy y el ahora, pensando en el mañana”: “Si quemaste todas las naves hoy, mañana vas a decir: ‘¿ahora, qué hago?’”.

A su juicio, para vivir el hoy y el ahora es necesario haber construido algo y para prolongar ese momento, necesariamente, hay que estar creando ese mañana. “El mañana lo vas a construir hoy”, concluye.

Un mal estudiante que amaba la carrera

Ara no era un estudiante brillante. De hecho, dice que fue un pésimo estudiante. No iba a todas las clases, no leía todos los libros, no le preocupaba perder una materia. No se obsesionaba por el 100.

Pero amaba la Licenciatura en Gerencia y Administración. En sus palabras, es una carrera que “enseña a gerenciar y administrar proyectos, no importa de lo que sean”.

La carrera le dio un conjunto de herramientas y habilidades. Conocimientos sobre diversos temas y la capacidad de trabajar en equipo. Gracias a las distintas materias, aprendió a negociar y a hablar enfrente del público: a pararse y perder el miedo.

“Estoy convencido de que todo lo que viví adentro de la universidad me forjó para ser lo que soy hoy en día”, dice.

Emprender: dar ese salto desde la montaña

“Emprender es un viaje alucinante”, explica y lo compara con un “salto desde una montaña”. La cuestión es que, en ese salto –al igual que los negocios– si te sale mal “te podés golpear muy fuerte, aunque estés convencido de que estás haciendo la aventura de tu vida”.

Ara fundó su primera empresa a los 23 años. Se considera un emprendedor, en el sentido de ser “una persona que hace cosas”.

A pesar de ello, cree que la palabra, en Uruguay, está “bastardeada”. Advierte que el emprendedurismo es un arma de doble filo: hay que tener cuidado porque no es tan sencillo como parece.

“Uruguay es muy poco amigo de los emprendedores”, asegura. En especial, porque es fundamental tener financiamiento, un aspecto que, para él, no existe en una cantidad suficiente en el país.

Si bien admite que hay concursos y fondos que incentivan a aquellos que buscan desarrollar una innovación, en ocasiones, “las personas que tienen una buena idea se quedan más metidos en el sistema emprendedor que trabajando en la idea en sí”.

“Hacer una empresa sin plata es imposible”, sostiene. Entonces, ¿el emprendedurismo en Uruguay es posible? “Claro que sí”, contesta. Y enseguida añade: “Va a depender 100 % del emprendedor”.

El fracaso: ¿una apreciación subjetiva?

Ara trabajó inicialmente en la empresa de la familia de su madre –una distribuidora de películas– y luego en la filial local de Kodak. Luego hizo un programa de televisión en donde mostraban los tráileres de las películas a estrenarse.

Fundó una editorial, en la que llegó a tener siete títulos publicándose en Uruguay y en el exterior, incluyendo las revistas Cinemag y Seisgrados. También creó una productora que lleva hechas siete películas, entre ellas, Gonchi, Jugadores con patente y 12 horas, 2 minutos. Creó Sushiapp y Chesterhouse, que hoy cuentan con un total de 11 restaurantes.

Confiesa que uno de sus negocios le está dando pérdidas. Pero todos los días se sigue levantando con una sonrisa. Cree que va a ser capaz de transformar esa situación.

“El fracaso es una apreciación estrictamente subjetiva”, manifiesta. Según él, depende de qué hagas con la situación: si la lograste transformar o si aprendiste de ella.

Las personas que cambian el mundo son las que hacen

“¿Emprendedor se hace o se nace?”, le consultó un miembro del público. De acuerdo con Ara, hay aspectos que se adquieren y otros que no, ya que no se pueden “enseñar, aprender o explicar”.

“Hay una cuota que viene de nacimiento, pero la otra tiene que ver con las eventualidades de la vida. Se presenta la oportunidad y te podés transformar en emprendedor”, indica.

De todas formas, luego de analizar las características de los emprendedores, llegó a una conclusión: “La única cosa que tienen en común es el convencimiento y la capacidad de hacer. Esa fuerza es extremamente potente cuando entendés que nadie te puede decir si es posible o no”.

Ara hace hincapié en la importancia de creer en uno mismo. Se define como un “soñador, que cree”: “Si tengo una corazonada, no pido a nadie que me la valide”. Aun así, suele compartir sus ideas con todo aquel que se le cruce. Nutrirse de las devoluciones de los otros es su secreto para perfeccionarlas. No tiene miedo de que se las roben. A su entender, las ideas “no valen nada”: son el “1 % del proyecto”, mientras que el otro 99 % es “hacerlo”.

“Las personas que cambian el mundo son las que hacen, a veces hasta con ideas que son mucho peores que las que tuvo alguien brillante pero que no la llevó adelante”.

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