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“Si el Estado es fuerte le da la misma capacidad de exportar a todos los sectores”

09/12/2014
Juan José Riva, Primer Premio de la Academia Nacional de Economía.
“Si el Estado es fuerte le da la misma capacidad de exportar a todos los sectores”

Juan José Riva es graduado de la Licenciatura de Estudios Internacionales de la Universidad ORT Uruguay e integrante de la Cátedra de Comercio Internacional de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales.

Actualmente trabaja en la Dirección de Asuntos Políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores. En 2013, sin ser economista, ganó el Primer Premio de la Academia Nacional de Economía por su trabajo “Competitividad en las empresas uruguayas. Factores que van desde el tipo de cambio hasta la estructura de los organismos gubernamentales”.

Riva habló sobre los principales aportes de su trabajo, de los esfuerzos gubernamentales para mejorar la competitividad y cómo hizo para ganar un premio en economía sin ser su especialidad.

-¿En qué consistió la investigación que ganó el Premio Nacional de Economía?

-La base de la investigación que presenté al premio era mi tesis de grado para la Licenciatura en Estudios internacionales que hice con Marcelo Gil. La tesis apuntaba al trabajo que se hacía desde el Estado en la promoción de exportaciones. A partir de ese estudio notamos que el empresario uruguayo tenía carencias para exportar y eso es la competitividad.

Cuando surgió la posibilidad de presentarme al Premio Nacional de Economía yo estaba haciendo otro trabajo con Julio Lacarte Muró, que está en del Consejo Directivo de la Academia Nacional de Economía. Le conté sobre mi tesis y me recomendó presentarla porque tenía mucho que ver.

A partir de ahí le hice algunos arreglos. Me paré desde el punto de vista del exportador uruguayo y los problemas y las ventajas que tiene para vender en el resto del mundo.

Al principio miré el tipo de cambio, ya que en ese momento había un informe de las cámaras empresariales muy crítico por el bajo precio del dólar, que hacía perder competitividad. En una segunda etapa analicé los acuerdos de libre comercio.

También tomé en cuenta las barreras de información, que es el trabajo que hace el Estado y varias instituciones sectoriales para que Uruguay sea conocido en el mundo y para que, a la vez, los productores uruguayos sepan que existen herramientas para facilitar las exportaciones.

Por último trabajé el aspecto logístico, en donde tomé como referencia una tesis de la Universidad ORT Uruguay de Diego Martínez Da Rosa, Diego Placeres y Matías Eustathiou. Ese trabajo concluía que Uruguay hizo mucho énfasis en infraestructura externa, es decir, puertos y aeropuertos, y poco esfuerzo en infraestructura interna con carreteras y redes ferroviarias. Todo eso se refleja en la competitividad.

-Afirmás en tu trabajo que la dependencia de los agrocommodities llevó a una desindustrialización de las exportaciones. ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

-Es un tema bastante controvertido y cuando lo presenté en el seminario de Comercio Internacional de la universidad, nuestro catedrático Isidoro Hodara, dijo que era relativo. Yo creo que cuando suben los precios de los commodities, los recursos se van hacia ese sector, incluso los recursos humanos. Entonces las empresas industriales que sacan valor agregado pierden capacidad de mano de obra porque pueden pagar menos que en el sector de los agrocommodities.

Además, un país con normas laborales poco flexibles (y no digo que eso sea bueno ni malo) hace que la empresa que le da valor agregado a su producción tampoco tenga mucha capacidad de maniobra. Por otro lado, si sube el precio de los commodities entra mucha plata y sube el tipo de cambio, lo que termina afectando a la industria exportadora que da valor agregado.

Por ejemplo, Paraguay ha sido el país latinoamericano que más creció gracias a un boom exportador de soja y carne. Pero le vende el 50% de la carne a Rusia y sus mercados están muy poco diversificados. Y es uno de los países con mayor grado de desindustrialización porque todos sus recursos se vuelcan hacia ahí. Las industrias ofrecen menos mano de obra, hay menos distribución de riqueza y hace que el crecimiento sea relativo.

-¿De qué manera la infraestructura y el tipo de cambio afectan a las empresas que le dan valor agregado a sus bienes?

-En cuanto al tipo de cambio, si esa variable sube, el producto uruguayo es más caro en dólares que el resto del mundo. En el tema de las rutas es casi una frase hecha la que dice que vale más caro llevar un camión a Rivera que mandar un contenedor a China. Y a eso se suma que el precio de los commodities aumentó en todo los rubros, incluso el petróleo.

Entonces si el empresario que le da valor agregado a su producto tiene demoras por el mal estado de las rutas, le tiene que pagar más al chofer y gasta más nafta porque el petróleo está caro. Y los trabajadores, sea bueno o malo, son más caros que en otros países. Eso hace que los bienes con valor agregado sean más costosos que el resto. Ese es el problema de la competitividad.

-¿De qué manera afectan los acuerdos comerciales con la región?

-Es una desventaja competitiva en términos relativos. Si bien Uruguay tiene acceso a grandes mercados como Argentina y Brasil, que son países cuyas economías crecieron, este aspecto hay que mirarlo siempre desde el punto de vista de los países que venden las mismas cosas que nosotros. Tanto los países que venden carne como Uruguay como los países que venden software y diseño como Chile.

Chile, por ejemplo, tiene más acceso a través de tratados de libre comercio a mercados con mucha más gente y que gana cada vez más plata. Su capacidad de acceder a mercados es mayor a la nuestra y es una desventaja para nosotros.

-En tu trabajo también señalabas que hay una superposición en las tareas de los organismos dedicados a la promoción de exportaciones.

-Uruguay XXI hace ciertas tareas que la Dirección de Inteligencia y Promoción Comercial e Inversiones del Ministerio de Relaciones Exteriores también realiza. Los dos dependen del mismo ministerio. Hoy en día en Uruguay XXI hay un funcionario diplomático a cargo y hay una clara coordinación, sin embargo eso queda atado a la capacidad de cooperar de las autoridades. Pero en ocasiones, los directivos hacen las mismas cosas.

Y a eso se suma la tarea de las organizaciones no estatales que promocionan sus productos como el Instituto Nacional de Vitivinicultura. Si no tenés un Estado fuerte y dejás la promoción a merced de los privados, no estás siendo democrático porque va a tener mayores posibilidades de promoción el sector productivo que más organizado esté.  Si el Estado es fuerte le da la misma capacidad de exportar a todos.

-¿Cree que el Estado está haciendo lo suficiente para diversificar mercados?

-Me parece que sí. Desde que empecé a estudiar el tema he visto esfuerzos. Por ejemplo en 2013, cuando la relación comercial con Argentina se complicó, el Ministerio de Economía y Finanzas y el Ministerio de Industria, Energía y Minería lanzaron el Fondo de Diversificación de Mercados, que fue una ayuda para los exportadores que dependían fuertemente de Argentina.

Se está haciendo un gran trabajo en Uruguay XXI y se abrieron oficinas en el exterior con personal especializado en las embajadas. Eso aporta a la competitividad.

-¿Cuál cree que es el principal aporte de su trabajo?

-En definitiva hace un mapeo muy claro de cuáles son los puntos del Estado que trabajan en la promoción de exportaciones. Hace una radiografía del Estado y la inserta en un marco de tipo de cambio alto, pocos acuerdos comerciales en comparación con otros países competidores, y una logística interna renga, que es en definitiva a lo que se enfrenta el exportador uruguayo frente a sus competidores.

Es más que decir que somos más o menos competitivos por el tipo de cambio. A veces se mira solo desde el punto de vista del tipo de cambio y es apenas un factor coyuntural.

-¿Le sorprendió haber ganado el premio sin ser economista?

-Somos pocos los no economistas que lo ganamos, sin embargo creo que el trabajo estaba muy enfocado en el tema. Pero sí, me sorprendió. De todas maneras siempre sentí que tenía las herramientas para hacerlo. Y además contaba con el sustento de mi tesis donde mi tutor era el economista Juan Labraga. Creo que quienes lo corrigieron lo miraron más desde la perspectiva de la administración del Estado que desde el punto de vista estrictamente econométrico.

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