WORK AND LIFE BALANCE

“La empresa mejora su imagen si cuida a su gente”

La certificación Work and Life Balance es un programa cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida dentro de las organizaciones. Es otorgada por el Instituto Europeo de Capital Social (EISC). En una conferencia llevada a cabo el 22 de octubre de 2013 en el auditorio de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de la Universidad ORT Uruguay, el director ejecutivo para las Américas del EISC, el Dr. Carlos Forlenza, explicó el origen, la actualidad y los desafíos de esta certificación.

Work and Life Balance surge en Alemania en 1998 con el objetivo de corregir la fuga de ejecutivos de compañías tradicionales hacia empresas dedicadas a los negocios por internet.  En la década del 90, las multinacionales alemanas vivieron un proceso de fusión que recargó de horarios y funciones a los ejecutivos. En consecuencia, muchos de ellos vieron en las empresas dedicadas al e-buisness una posibilidad para recuperar beneficios perdidos como el trabajo desde casa o la posibilidad de desarrollar su creatividad.  A raíz de ello, el objetivo de Work and Life Balance era hacer al empresariado tradicional “tan o más atractivo” que las empresas de e-buisness y tener un estándar de beneficios homogéneos en diferentes países, explicó Forlenza.

Inspirado en las normas ISO 9000, el EISC creó un catálogo que garantiza un portfolio de servicios y beneficios dentro de un estándar internacional, dijo Forlenza. “Lo que se busca es que los funcionarios se desarrollen como personas y profesionales, que tengan alta motivación y pasión por el trabajo, y por eso trabajamos con la organización, su cultura y sus valores”, explicó el experto. “El programa sistematiza y le da valor a las iniciativas que conformaron los valores de la organización. Revaloriza esos beneficios que se fueron olvidando o fueron tomados como derechos adquiridos”, dijo. Hoy hay más de 2000 organizaciones certificadas en todo el mundo, entre las que se encuentran empresas privadas y públicas, ministerios, universidades y organizaciones no gubernamentales.

El proceso de certificación demanda tres años, explicó Forlenza. Para ser certificada la empresa debe tener 19 iniciativas de mejoramiento de beneficios y sobre todo un sistema de medición y control de los programas. Cada iniciativa está dentro de siete categorías de certificación: organización (que incluye, por ejemplo, programas de horarios flexibles o home office); comunicación (en donde se encuentran programas de divulgación a través de intranet o folletos); desarrollo (en donde se ubican, por ejemplo, programas de integración generacional); beneficios como tarjeta de descuentos; familia (que incluye programas de ayuda para costos de guardería, por ejemplo); medición, y programas que fomenten la creatividad.

En la implementación, además de participar la propia gerencia de recursos humanos de la empresa, participa un gerente de proyecto y un analista de riesgo del EISC. También participan psicólogos y sociólogos que entrevistan de forma confidencial a funcionarios seleccionados dentro de una muestra representativa de la organización. Con los resultados, los expertos realizan un diagnóstico sobre la intensidad requerida en los programas y cuáles son los mejores instrumentos para aplicarlos. A su vez, se eligen “embajadores” dentro de cada área de la empresa cuyo rol es “multiplicar” el programa y ser “agentes de cambio organizacional,” explicó Forlenza.

Luego de que los programas están en marcha, la empresa brinda un reporte de control y el EISC realiza auditorías trimestrales. El proceso se repite durante 3 años. Al final se hace una gran auditoría que constata que las 19 iniciativas están implementadas y se otorga la certificación. Luego las auditorias se realizan cada tres años.

“Sería infantil decir que todos vamos a estar felices con la implementación del programa. Siempre va a haber resistencias de esos que no quieren salir de su zona de confort, porque todos los cambios son traumáticos por más leves que sean. Lo importante es anticipar las resistencias y ver de antemano las respuestas”, sostuvo Forlenza.

“Más allá de garantizar un pool de beneficios, bajar el ausentismo y aumentar el compromiso con la productividad, lo importante es que la certificación aumenta la imagen corporativa de la empresa”, dijo el experto. “Nuestros clientes van a tomar como factor diferenciador si el producto o servicio que están comprando cuida a su gente. Muchas empresas hablan de responsabilidad social corporativa y luego nos llevamos la sorpresa de que las que hablan de eso lo hacen de puertas hacia afuera, mientras adentro son un desastre. Lo más lógico es comenzar por casa y así nos volvemos creíbles para la sociedad”, finalizó Forlenza.

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