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Graduada de Contador cuenta experiencia en el MBA de Harvard y en McKinsey

05/08/2021
Graduada de Contador cuenta experiencia en el MBA de Harvard y en McKinsey

Magdalena Olazabal, graduada de Contador Público de la Universidad ORT Uruguay, realizó el MBA de Harvard Business School (HBS), una de las escuelas de negocios más importantes del mundo. Actualmente se desempeña como Associate en McKinsey & Company, una consultora estratégica internacional que brinda servicios a grandes empresas, gobiernos e instituciones.

Olazabal habló sobre su trayectoria académica y profesional. Contó su experiencia en Harvard, los desafíos que enfrenta en McKinsey y su etapa como estudiante de ORT. Se refirió a sus planes a futuro y aconsejó a los estudiantes actuales.

-Cursaste el MBA de Harvard Business School, una de las mejores escuelas de negocios del mundo. ¿Cómo fue esa experiencia?

-La experiencia fue transformadora, no solo desde el punto de vista profesional y académico, sino desde el personal.

La mayoría de las clases se basan en el método del caso. Los estudiantes preparamos un caso y lo discutimos para tratar de llegar a una solución, que no necesariamente es única.

Discutir con compañeros de decenas de países y profesiones es increíblemente enriquecedor. Te abre la perspectiva. Te obliga a aprender a argumentar rápido y con sustento.

Además, discutir casos que tienen un protagonista enfrentando una decisión te obliga a ponerte en los zapatos de personas en situaciones y posiciones muy diversas, con información limitada. Muchas veces tuvimos la suerte de tener al protagonista en la clase, que al final daba su perspectiva, contaba cómo siguió el caso, y opinaba sobre nuestros comentarios.

Hacer amigos tan diversos de tantas partes del mundo, escuchar en vivo a speakers que nunca imaginé conocer en persona (por ejemplo, Michael Porter), o participar de actividades como presidir la conferencia anual de Latinoamérica, hicieron al MBA una experiencia única.

-¿Qué es lo más importante que aprendiste en el MBA?

-Muchas cosas. Entre ellas, ver todo el tiempo cómo la colaboración y trabajo en equipo llevan a las mejores soluciones.

Volviendo al método del caso, las discusiones se construyen sobre argumentos de otros compañeros, con distintas formaciones y experiencias. Y eso es exactamente lo que pasa en la vida real; la colaboración, el trabajo en equipo y la diversidad llevan al progreso, a la innovación, y a los mejores resultados.

-¿Cuáles son tus responsabilidades en McKinsey?

-Trabajo en proyectos de estrategia y finanzas, principalmente en transacciones de M&A (fusiones y adquisiciones de empresas) y en servicios financieros desde la oficina de Nueva York. 

En estos proyectos ayudamos a los clientes a resolver problemas en temas clave relacionados directamente a la estrategia de la empresa, su crecimiento o su rentabilidad, entre otros.

Luego de recabar la información relevante, analizamos, formulamos y testeamos hipótesis, y desarrollamos una recomendación trabajando codo a codo con clientes senior. Esto implica que tengamos la oportunidad de participar en discusiones muy interesantes que tendrán alto impacto en las empresas, generalmente muy visibles.

-¿Cómo es trabajar en una consultora de estrategia tan importante?

-McKinsey tiene oficinas en decenas de países. Creo que es un gran lugar para trabajar por tres motivos principales: el modelo de apprenticeship y mentorship (formación de aprendices y mentoría), la posibilidad de forjar una carrera en los temas que a cada uno más le interesen, y el alto impacto de los proyectos.

El modelo de apprenticeship y mentorship implica que la firma tenga un foco siempre en la capacitación y el desarrollo de sus empleados, no solo a través de trainings y cursos, sino dentro de los propios equipos.

Los partners y consultores más senior están siempre coacheando al equipo. En paralelo, siempre te están motivando a opinar, dar tu punto de vista, y disentir cuando no estás de acuerdo, lo cual hace que las sesiones de discusión sean muy valiosas.

Es increíble el tiempo que se dedica a que todo el equipo crezca y produzca los mejores resultados, no solo a través de esas sesiones, sino también a través de reuniones recurrentes uno a uno para dar y recibir feedback.

Esto hace que uno pueda estar siempre mejorando. También ayuda a que las dinámicas de equipo funcionen. Además, cada persona tiene asignado un development group leader (DGL), que es un partner que te guía y aconseja a lo largo de tu carrera. El resultado de este modelo es que uno está siempre creciendo, recibiendo coaching, aprendiendo, y en última instancia, teniendo mentores que son clave para el desarrollo de tu carrera.

Desde el punto de vista del impacto, McKinsey es un gran lugar para trabajar. Los proyectos son siempre muy estratégicos, con resultados visibles, y en temas tan variados que pueden ir desde ayudar a una empresa de servicios financieros a digitalizarse, hasta asesorar a un gobierno en la lucha contra el COVID-19.

Esto se relaciona con el tercer gran atractivo de McKinsey, que es que permite que cada uno pueda hacer su propio camino dentro de la firma. Está estructurada por verticales de industria (servicios financieros, consumo, etc.) y por función (estrategia y finanzas, marketing, operaciones, etc.). Por lo tanto, uno tiene la posibilidad de ir construyendo su carrera dentro de la industria y/o función que más le interese, lo cual lo convierte en un lugar donde se puede ser muy entrepreneur a la hora de elegir en qué trabajar, con quién, dónde especializarse, y cómo crecer.

Esto para mí fue algo novedoso, ya que se aparta del modelo tradicional de servicios profesionales donde un staffer reparte el trabajo entre los empleados. En McKinsey uno trabaja con un Professional Development Manager, que te guía hacia proyectos, pero en última instancia es uno mismo quien termina “entrevistando” internamente para conseguirlos. Lo cual, por un lado, hace que uno sea de alguna manera responsable de buscar sus proyectos y, por otro lado, te permite desarrollar en los ámbitos, temas y clientes que más te interesen.

-Las innovaciones tecnológicas están generando una serie de cambios en la profesión, entro otros, en los servicios de consultoría. Con tu experiencia profesional y académica, ¿cómo visualizás estos cambios en los roles del contador?

-Entender que uno no tiene que ser experto en cada tema, pero sí tiene que comprender su esencia para poder gerenciarlo y explicarlo es, para mí, un punto clave del rol del contador.

Lo que hoy está sucediendo con las innovaciones tecnológicas es un aspecto más de una concepción amplia del rol del contador, que se convierte en un buen intérprete entre especialistas y el resto de la organización o de las otras partes involucradas.

Veo al contador como alguien que aprende desde el inicio a entender las bases de funcionamiento de una empresa, a describir cómo las decisiones que se toman o transacciones que se realizan, se traducen en algún momento a resultados que tienen un impacto inmediato y/o a futuro.

Ese entendimiento tan fundacional con el que el contador puede describir todos los hechos económicos de una empresa es una habilidad clave, que le permite sintetizar temas muchas veces complejos, para que el usuario de la información los pueda entender.

Creo que esa habilidad es un factor diferencial que permite al contador ser flexible y desarrollarse en muy diversos ámbitos. Desde el tradicional de contabilidad e impuestos, hasta otros como finanzas, negocios o data analytics aplicadas. También le da las herramientas para trabajar en todo tipo de empresas, desde una startup hasta una multinacional S&P 500, en diversas industrias.

La carrera de contador te prepara para tener la flexibilidad de desarrollarse y agregar valor, en un mundo cada vez más dinámico e integrado, con nuevas industrias y tecnologías.

-¿Qué herramientas te dio la carrera de Contador Público de ORT para estos desafíos profesionales y académicos?

-Uno de los motivos por los cuales elegí ORT para estudiar contador es que ya en ese momento era pionera en entender la profesión con un rol más amplio, permitiendo que uno fuera forjando su carrera, tomando materias electivas de otras ramas más allá de contabilidad e impuestos, como financieras, económicas o de negocios.

En ORT logré armar un portafolio de herramientas completo. Pude desde entender a fondo la contabilidad, lo que me permite analizar una empresa a través de sus estados contables e información de gestión, hasta comprender las bases de los sistemas impositivos, que es trasladable a otros países del mundo, o aprender a calcular el valor de distintas empresas, bienes o servicios.

Creo que haber aprendido esto último tan temprano en la carrera ha sido uno de los conceptos más valiosos. Entendí lo que significa el riesgo y el valor tiempo del dinero. Internalizar esto desde el inicio me ayudó mucho en mi carrera de finanzas. También en mi vida personal, donde lo aplico hasta en cosas tan básicas como decidir si pagar una compra en efectivo o en seis cuotas sin recargo.

-Como graduada de la carrera y con una amplia experiencia profesional, ¿qué recomendaciones harías a los estudiantes actuales?

-Mi principal recomendación es algo que probablemente no hice, que es ser más intencional respecto a lo que uno quiere hacer a futuro. Pensar dos o tres movimientos hacia adelante e ir haciendo las cosas que uno necesita para llegar a ese lugar.

Por ejemplo, para aplicar al MBA se necesitan cumplir un montón de requisitos, como rendir el GMAT, tener una experiencia laboral interesante o logros personales que te hagan un candidato que se diferencia de las miles de otras personas que aplican por año.

En Estados Unidos, es muy común rendir el GMAT cuando todavía se está haciendo la carrera de grado, lo que luego, al aplicar al MBA unos años después, permite focalizarse en los ensayos.

En mi caso, decidí que quería hacer el MBA seis años después de que me gradué de ORT. Por lo que tuve que preparar todo a la vez: exámenes, ensayos y entrevistas. 

Pensar desde temprano lo que se quiere estar haciendo en cinco o 10 años te permite ir juntando experiencias o tomar las decisiones correctas para llegar a donde uno quiere estar.

Si después uno decide ir en otra dirección, capitalizará esas experiencias en sus próximos proyectos de una u otra forma.

-Has trabajado en Uruguay, Argentina y Estados Unidos, realizaste el Master en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tela y ahora el MBA en Harvard. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

-Uno de mis proyectos es promover que otros latinoamericanos, especialmente mujeres, apliquen al MBA y a McKinsey.

Durante mi tiempo en HBS, fui tutora de la oficina de Career and Professional Development, entrenando a compañeros a realizar las entrevistas para aplicar a puestos de consultoría. Luego de graduarme, he seguido involucrada en el proceso de aplicaciones al MBA, donde comparto mi experiencia con candidatos que Harvard piensa que tienen un perfil similar al mío.

En McKinsey soy parte del equipo de reclutamiento de candidatos del MBA de HBS. Y ayudo a los candidatos a prepararse para las entrevistas. También disfruto de ayudar a personas que me contactan por LinkedIn en sus procesos de aplicar al MBA; desde tener charlas en las que comparto mi vivencia, hasta dar mi opinión sobre sus ensayos.

Como dije, la experiencia ha sido transformadora. Mi intención es que más uruguayos y latinoamericanos puedan conocerla, compartiendo mi visión de cómo funcionan los procesos.

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