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Novedades

¿Por qué Argentina mantiene su estabilidad democrática?

11/09/2020
Conferencia online “Argentina: una democracia bloqueada”, por el Dr. Andrés Malamud.
https://youtu.be/H5B2PM8-Z7s 

“Argentina, a pesar de tener una economía catastrófica, tiene un bajo nivel de violencia política, y un alto nivel de estabilidad democrática y paz social”, dijo Andrés Malamud —Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por el Instituto Universitario Europeo (IUE) de Florencia e investigador de la Universidade de Lisboa (Portugal)— durante la conferencia online “Argentina: una democracia bloqueada”.

El evento, que formó parte del ciclo de charlas organizado por el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad ORT Uruguay, tuvo lugar el lunes 7 de setiembre de 2020.

En 1983, después de medio siglo de inestabilidad, Argentina recuperó la democracia. Desde entonces sufrió tres rebeliones militares, tres ataques terroristas, dos hiperinflaciones, un colapso monetario y varias renuncias presidenciales, pero la democracia resistió.

“¿Por qué se rompe la economía y no la política, que es, en principio, responsable por la economía?”, preguntó el experto y señaló que hay dos motivos que explican esto.

La estabilidad de la democracia, para el experto, se debe al arraigo social de las identidades políticas y al efecto restrictivo de las instituciones.

Por un lado, hay un “ancla social”. “Las identidades son firmes, arraigadas. La gente no cambia y la sociedad está dividida en dos”. Afirmó que quienes son peronistas siguen siéndolo y quienes no lo son siguen sin serlo más allá de los acontecimientos.

Por otro lado, “las instituciones restringen las opciones y benefician a los que están adentro. El sistema electoral no permite fácilmente que entren terceros y castiga a los outsiders. La democracia se mantiene con los mismos jugadores, con los mismos partidos políticos”.

A la vez, “el mar tiene espuma arriba, pero tiene metros y metros de agua quieta debajo. En Argentina, vemos mucha espuma a nivel presidencial, pero el agua quieta son las provincias. Es en las provincias donde se vota casi siempre a los mismos”.

Malamud también destacó la sobrerepresentación de algunas provincias y la subrepresentación de otras. Por ejemplo, “la provincia de Buenos Aires es gigantesca, pero tiene efectos mínimos en la política nacional”.

Con respecto a la estructura social, señaló que en Argentina hay aproximadamente un 5 % de ricos, un 30 % de excluidos, y un 65 % de clase media. A la vez, la clase media está dividida en asalariados sindicalizados, los asalariados no sindicalizados, y los cuentapropistas.

En este sentido, en vez de pensar a la sociedad como una pirámide, Malamud sugirió pensarla como un rectángulo. “El peronismo o no peronismo es una diagonal que corta a esta estructura social”. 

“La mayor parte de los asalariados sindicalizados son peronistas. Casi toda la clase baja también. Los trabajadores no sindicalizados, mitad y mitad. Los cuentapropistas son mayormente no peronistas. Hay una línea diagonal que sube o baja en función del desempeño económico y de quién esté en el gobierno”.

“Si hay buena economía, el gobierno se beneficia (sea quien sea). Si hay mala economía, se beneficia la oposición”, dijo el académico y añadió que, si bien esta línea varía, “las identidades están ancladas”.

“En Argentina, la mayor parte de la gente que vota al peronismo es peronista, es una identificación vital”, dijo Malamud. “En Uruguay muchas personas deciden cambiar su voto. En Argentina esto es menos frecuente. La identificación con el partido es más fuerte”.

“¿Cómo se representa el espacio político argentino? No es un espectro ideológico de izquierda y derecha. El espectro ideológico es peronismo/no peronismo y en cada uno de estos polos hay izquierda y derecha. Hay izquierda peronista y derecha peronista. Hay izquierda antiperonista y derecha antiperonista”.

“Con el presidente Raúl Alfonsín se alivió un poco el antagonismo. Después del 2001, ya no se llama tanto peronismo sino ‘kirchnerismo’, lo que generó una nueva radicalización: la grieta”.

“Mucha gente se imaginaba que podía haber una ancha avenida del medio por sobre los polos y esto no pasó -dijo Malamud-. La avenida del medio terminó siendo un callejón sin salida”.

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