China, un poco más cerca

La Universidad ORT Uruguay recibió en setiembre de 2012 a 42 estudiantes chinos de intercambio, viviendo así una enriquecedora experiencia cultural.

estudiantes de harbin en la universidad ort uruguay

Los 42 estudiantes chinos, 33 mujeres y nueve hombres, que llegaron de intercambio a la Universidad ORT Uruguay, es la primera vez que salen de su país, la mayoría incluso de su provincia. Ellos cursan la Licenciatura en Idioma Español, en la Harbin Normal University, una carrera con alta inserción laboral que forma traductores, docentes y a los futuros comerciantes con los países de habla hispana. “Es probable que muchos de ellos nos estén comprando y vendiendo productos dentro de 10 años”, dijo María del Carmen Azpiroz, coordinadora del intercambio.

Todos son oriundos del noreste de China, de la provincia de Heilongjiang, que quiere decir río del dragón negro, con una población de 38 millones de habitantes y una superficie de 460.000 kilómetros cuadrados, más de dos veces y media la de Uruguay. Su capital es Harbin, de 10 millones de personas, una ciudad que en el siglo pasado estuvo bajo dominio ruso, japonés y, desde 1946, chino. Es conocida por sus temperaturas extremas, que van desde los -40 grados en invierno, a los 40 en verano.

Ellos son la primera generación de su carrera en la universidad, una de las más prestigiosas de su provincia en pedagogía. Llegaron a Uruguay como parte del programa de su carrera, que implica pasar el tercero de sus cuatro años de duración en un país en el que se hable español. Por un acuerdo entre su universidad y ORT, esta experiencia internacional se podrá repetir en los próximos años.

En su país, ellos viven en la universidad y tienen clase desde las 8 de la mañana hasta las seis de la tarde, con un lapso al medio día para almorzar. Incluso durante los fines de semana se acuestan antes de medianoche para volver a madrugar. “Tenemos tantos deberes que, si no, no nos alcanza el tiempo”, dijo Zhang Long Hao, conocido también como Santiago, porque a todos los estudiantes de la carrera les ponen un nombre en español.

Pero la mayor exigencia para los estudiantes chinos no es la universidad, sino un examen de ingreso llamado Gaokao, considerado el más difícil del mundo, que evalúa todos los conocimientos adquiridos en secundaria. Cheng Xiao Yu, cuyo nombre en español es Lluvia, cuenta que durante la preparación se levantan antes de las 6 de la mañana y estudian casi sin descanso hasta pasada la media noche.

Dicen que es angustiante. Es que el resultado del Gaokao determina la carrera que el estudiante pueda cursar, si puede ir a una universidad y a cuál. Sólo se puede dar dos veces. Se realiza en tres días, y algunos padres alquilan para sus hijos habitaciones en hoteles para que estén más tranquilos. Es un evento nacional trasmitido por televisión. La presión es tal que la cantidad de suicidios aumenta cerca de la fecha del examen, cuenta Azpiroz, que vivió cuatro años en China y fue profesora en Harbin de la generación que vino a la universidad.

Y estudiar en Uruguay tampoco les es fácil. Tienen que estar bien concentrados para entender lo que dicen los profesores, tal vez demasiado rápido para alguien que tuvo su primer encuentro con el idioma hace menos de tres años. Santiago y Lluvia opinan que a las mujeres se les entiende mejor cuando hablan.

Andrés Bancalari, Coordinador Adjunto de la Licenciatura en Estudios Internacionales y profesor de la materia Fundamentos de Comercio Internacional, a la que dos estudiantes chinos asisten como oyentes, contó que en clase no intervienen salvo que el docente les pregunte algo.

Son muy educados, para ellos la figura del profesor es una institución; sin embargo, por el régimen de estudio tan exigente es común que los estudiantes se duerman en clase, lo que no es tomado como una falta de respeto, agrega Bancalari. Para ellos el rol del profesor va más allá de lo que dicta en el aula, es un ejemplo de vida, por lo que buscan mantener un vínculo personal, señala Azpiroz.  

Son muchachos alegres, risueños, por lo general delgados y no muy altos. Les llama la atención la poca cantidad de gente que hay en las calles montevideanas y alguna costumbre como las manifestaciones. Santiago cuenta que en Uruguay a veces se levanta al mediodía, sobre todo después de alguna salida nocturna, pero otros no pueden dormir hasta tan tarde. Un día a las siete de la mañana, en invierno, Azpiroz iba en auto por la rambla y se cruzó con uno de los estudiantes chinos que había salido a caminar. “No puedo seguir acostado”, le explicó.

“Son muy simpáticos y re buena gente”, dijo el estudiante de la Universidad Juan Michellini, padrino de Alicia, Esperanza, Diana y Julia. “Hay una barrera cultural importante, pero eso lo hace más interesante”. Michellini también contó que, en la fiesta de recibimiento, intercambiaron canciones y bailes típicos.

Los estudiantes tienen en la universidad un programa de materias diseñado en conjunto con su universidad, pero algunos, los que manejan mejor el idioma, cursan además algunas materias de la Licenciatura en Estudios Internacionales y de la Facultad de Comunicación. Bancalari ha observado una buena integración, mejor de la que se esperaba. “No se forman comunidades, hay interés mutuo. Se está produciendo un enriquecimiento, sin duda”.

Dicen que les gustó el asado, aunque señalan, con mucha cortesía, que la comida en Uruguay es un poco monótona. De todos modos comen mucho más que los estudiantes uruguayos, cuenta Paola Barreto, de la cantina de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales. Muchos incluso almuerzan dos veces. Les gustan las milanesas y los alfajores, comidas que conocieron en Uruguay, pero también la pasta y los panchos, y en general toman leche, pero nunca con café. Hablan lo justo, dice Barreto, son muy educados y siempre, después de comer, llevan la vajilla hasta el mostrador.

El vínculo de los estudiantes uruguayos con sus padres es distinto al de los chinos, observa Lluvia. En China la relación es más próxima, incluso los padres suelen ayudar económicamente a sus hijos luego de que se independizan. Son también muy cercanos con sus abuelos, quienes por lo general cumplen un rol importante en la crianza.

Están viviendo todos en una residencia estudiantil de cinco pisos, en Pocitos. Santiago y Lluvia cuentan que algunos desconocidos los saludan por la calle, y eso a ellos les gusta. Santiago quiere viajar por Sudamérica trabajando como traductor. Lluvia ser docente y quedarse a vivir en Uruguay. “Dicen que aquí soy más linda que en China”, bromea. Más que ir a bailes, ella prefiere los karaokes, que en China son más comunes que en Uruguay.

Por lo general visten camisas, jeans y zapatos deportivos. “Les gusta mirar películas en la computadora, estar con el celular o en Ren ren, una red social parecida al Facebook”, cuenta Azpiroz. “Son una generación hedonista, algo que hasta hace poco no era común en China”.

Pasan mucho tiempo en la universidad, en la cantina o estudiando en la biblioteca. Todo es muy distinto para ellos. En su universidad hay unos 32 mil estudiantes y el campus es tan grande que tienen un ómnibus interno con paradas, y para conseguir un lugar en la biblioteca se tienen que levantar a las 6 de la mañana, incluso con -40 grados. Además, a las 10 de la noche se les corta la luz e Internet.

Estarán nueve meses en Uruguay. Al regresar, la mayoría tendrá que volver a dar el examen de la materia Español IV, una prueba nacional de China para las carreras de español que tiene entre un 16 y un 20 por ciento de aprobación, y quieren aprovechar la práctica en Uruguay para salvarlo. No es excluyente para recibirse, pero muchas empresas piden un año de residencia en el extranjero y tener Español IV aprobado.  

Es curioso verlos caminando por Pocitos y por la facultad, alternando el mandarín con el español, mezclándose con los estudiantes uruguayos, intercambiando culturas, compartiendo sus formas de vivir.

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Artículo publicado en octubre de 2012