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“No sé cómo uno sale mentalmente sano de esta clase de experiencias”

“No sé cómo uno sale mentalmente sano de esta clase de experiencias”
Fecha: 28/06/2016

El miércoles 15 de junio de 2016 tuvo lugar la conferencia Entretelones del libro La niña que miraba los trenes partir”, sobre la obra del Ing. Ruperto Long, en el auditorio del Campus Pocitos de la Universidad ORT Uruguay.

El evento tuvo el formato de un diálogo abierto sobre la problemática filosófica, histórica y humana en la que se inserta la trama del libro. De dicho diálogo sobre los entretelones del texto participaron la directora general de la Universidad ORT Uruguay, Prof. Charlotte de Grünberg, el autor del libro, Ing. Ruperto Long y el coordinador del Departamento de Estudios Internacionales, el Prof. Javier Bonilla Saus. Magdalena Long, hija del autor, leyó algunos pasajes del texto.

La actividad comenzó con una contextualización histórica del momento en el que se desarrolla el libro. “Una de las líneas temáticas, que en aquella época fue muy fuerte, era un culto casi obsceno por el ‘particularismo’, por el ‘comunitarismo’, por el ‘nacionalismo’, por todo aquello que fuese ‘antiuniversal’”, explicó Bonilla.

Según él, ya desde fines del siglo XIX, cundía en Occidente, además de lo anterior, una crítica mordaz contra el racionalismo -Nietzsche es un buen ejemplo- por su carácter obstinadamente universal. Contra la afirmación del siglo XVIII y Las Luces, el filósofo Johann Herder había sostenido que cada cultura tenía su propia verdad, su propia lógica y su propia educación.

Por ello “un buen día no se pudo ir más a la escuela”, recordó la Prof. de Grünberg. “No sé si un niño se dio cuenta de la gravedad de lo que estaba pasando. En muy poco tiempo no tuve más clases y perdí a todos mis amigos. No veía a nadie y los que seguían yendo a clase, por alguna extraña razón, dejaron de ocuparse de nosotros, de alguna forma nos borraron del mapa; eso fue casi instantáneo y se sintió muy fuerte”.

“Después siguieron las demás aberraciones, una tras otra, generalmente en forma de documentos escritos publicados en la plaza pública, como para que nos quitaran hasta las ganas de salir a la calle para no encontrarnos con los edictos”, dijo la Prof. de Grünberg. Luego contó que era normal encontrar en lugares públicos “escritos sin ninguna clase de vergüenza con estas simples palabras: ‘Prohibido para niños judíos’”.

¿Por qué semejantes ejemplos de segregación? Porque se había impuesto la idea que una nación ya no se definía más en términos de un conjunto de ciudadanos jurídicos y políticos, sino que debía hacerse en función de la pertenencia a una cultura, una historia, una lengua, una religión o una raza. El individuo y el ciudadano de la Revolución Francesa fueron arrasados por “la identidad” de la comunidad que era la que definía la pertenencia de los grupos de hombres. Y estos debían ser separados por “identidades culturales“, en lo que Bonilla llamó una humanidad “estallada“, donde lo importante era rescatar las diferencias que separaban a los hombres y no su naturaleza común.

En el medio de semejante contexto histórico y filosófico, la Prof. de Grünberg dedicó un instante para honrar la memoria de Raphael Lemkin y Hersch Lauterpacht, figuras que resultaron claves para elaborar los conceptos de “genocidio” y de “persecución” y que dieron cuenta adecuada de lo que aconteció en aquella debacle de los valores del Iluminismo.

“Mientras pasaba todo lo que pasaba había dos personas que perdían la razón, desesperadas por tratar de ordenar todas estas cosas atroces –para las que no existían palabras– y dejaron un legado sobre el que nos apoyamos todos cada vez que pretendemos hablar de la Shoá”.

“Lo padecí como una niña, lo sufrí muchísimo; todavía no sé cómo uno sale mentalmente sano de esta clase de experiencias. A veces la naturaleza ayuda y hay personas que adquieren la fuerza del acero: creo que eso le pasó a todos los sobrevivientes de una forma u otra”, dijo visiblemente emocionada.

“Los libros son fundamentales para nunca regresar a esta época”

El evento también contó con la participación del embajador de Francia en Uruguay, Sylvain Itté, quien compartió varias reflexiones inspiradas por el libro. Así, se refirió al papel de Uruguay durante la Segunda Guerra Mundial, al rol de Francia en la misma época y a la democracia actual.

Itté también reconoció la buena relación existente entre Uruguay y Francia. “Pocos saben que Uruguay fue el primer país que reconoció al gobierno del general de Gaulle como legítimo”. Asimismo, recordó a los centenares de uruguayos que lucharon de forma voluntaria por la liberación de Francia.

Luego sostuvo que en varios países europeos “existe la tentación de regresar a una lógica que Europa conoció bien en los años 30 y que terminó con una niña mirando los trenes partir”, y finalizó: “Los libros son fundamentales para nunca regresar a esta época”.

“Nuestros padres hacían lo imposible para mantenernos vivos”

Un momento emotivo de la presentación tuvo lugar al introducir el Prof. Bonilla un momento particularmente tenso del libro: la detención del padre de Charlotte y protector de la familia. La directora general dijo que su padre “tenía una especie de magia para sacarnos de la depresión. Era extraordinario como este hombre tranquilo adquiría un determinado sentido del humor (…) y lograba, sabiendo que estábamos arriesgando la vida, transformar la situación en algo satírico. Hacía que uno pudiera tomar aire y respirar”.

“No hablábamos mucho entre nosotros. ¿Qué había para decir en esa situación? Veíamos que nuestros padres hacían lo imposible para mantenernos vivos, a veces contra toda lógica con respecto a su propia vida”, relató.

Charlotte de Grünberg destacó el valor de la solidaridad: “Tuvimos gente que ayudó para que mi padre pudiera escapar y esto no se olvida”. Luego recordó la “actitud excepcional” del cura párroco de un pueblo en la frontera entre Francia y Suiza que arriesgó su vida escondiendo a un grupo de viajeros entre los que ella se encontraba.

Para la Prof. de Grünberg la experiencia le dejó a ella y a su hermano “la obligación de mantenerse vivos y tratar de hacer algo para los demás”. Una cerrada ovación recibió sus palabras y el final de su intervención.

“El más pequeño instante de vida es más fuerte que la muerte y la niega”

Posteriormente, el Ing. Ruperto Long se refirió a las “decisiones increíbles” que el padre de la familia debió tomar en circunstancias extremas y dijo que “el amor a la vida, a la libertad, la familia, los amigos, termina triunfando de una forma u otra”.

El autor rememoró las charlas que tuvo con Charlotte de Grünberg para elaborar el libro y recordó una frase del escritor francés André Gide que ilustraba la situación: “El más pequeño instante de vida es más fuerte que la muerte y la niega”.

Para Long las decisiones de los distintos personajes que pueblan el relato “tienen un común denominador”: la defensa de la familia, la libertad y la patria, tanto propia como ajena. “Hay una confluencia en valores éticos comunes”, que hace a una “cuestión universal”.

El autor cree que la universalidad de los elementos narrados en la obra permite que el lector pueda reconocerse en las situaciones experimentadas por los protagonistas. “Para mí hubo un antes y un después de escribir esto”.