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“No me olvides”

“No me olvides”

“Es un tema del que se ha escrito mucho pero que se sabe poco”, dijo la profesora de historia Anahid Balian, conferencista del evento “A 100 años del Genocidio Armenio. Entre la memoria y la necesidad de comprender”, que tuvo lugar el 11 de junio de 2015 y formó parte del Ciclo de Conferencias que organiza el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad ORT Uruguay.

La profesora Balian explicó el significado de la flor “no me olvides” que acompaña la conmemoración de los 100 años del genocidio, como un símbolo acertado que hace hincapié en la importancia de detener el olvido para que “los muertos no mueran dos veces”.

“Si los recordamos, estamos diciendo: ‘acá pasó algo, vamos a ver qué paso’”, dijo Balian.  La elección de la fecha, el 24 de abril de 1915, hace referencia a la detención de casi 600 intelectuales y dirigentes armenios por parte del Imperio Otomano, sin dejar de mencionar que las matanzas comenzaron antes y continuaron después.

En este aniversario, Balian confesó que se sintió muy acompañada pero también “muy interpelada” por su doble condición de descendiente de víctimas y sobrevivientes del Genocidio Armenio pero, fundamentalmente, como profesora de historia.

Tuvo que contestar diversas preguntas. Por ejemplo: “¿Por qué?” y “¿cómo tamaño horror fue posible?". A pesar de que pueden parecer ingenuas, dijo que es “fundamental intentar darles alguna respuesta. Tenemos que animarnos a pensar, plantearnos preguntas y esbozar alguna respuesta”, aunque sean provisorias y subjetivas.

Lo que más le cuesta contestar es “¿cómo fue posible?”. El paso a la acción, porque “los actos de crueldad que describen los sobrevivientes son terribles. No era solo matar. Era ejercer una gran crueldad”.

Es importante mantener viva la discusión sobre el tema, dijo y mencionó el agradecimiento que hubo en la diáspora a Uruguay por haber sido el primer país que reconoció el Genocidio Armenio en 1965.

La experta hizo un recorrido histórico para aproximar el contexto político e ideológico que ambientó el Genocidio Armenio. Los armenios vivían en el Imperio Otomano que se enfrentó a su desmembramiento en el siglo XIX como consecuencia de la expansión imperialista y del fenómeno del nacionalismo que llevó a una guerra entre el Imperio Otomano y Rusia.

Inglaterra intervino para frenar la expansión del Imperio Ruso y luego presionó para lograr el Tratado de Berlín, por el cual el Imperio Otomano debió realizar reformas, pero no garantizó la salvaguarda de las minorías.

Desde el punto de vista político religioso, el Imperio Otomano era un Estado teocrático basado en la charia, ley que regulaba la vida de los musulmanes. Las minorías como la armenia eran millets, comunidades con cierta autonomía. 

Cuando la modernización de la segunda mitad del siglo XIX impulsó cambios “a la europea” llegó al poder el sultán Abdul Amir y detuvo este proceso de occidentalización y modernización del Estado, provocando la protesta, en primera instancia diplomática, de la comunidad armenia, lo que terminó en un enfrentamiento con 200 mil víctimas (1896).

En 1908 los llamados “jóvenes turcos” llegaron al poder con las premisas de una nación turca única, en expansión hacia el este eliminando cualquier obstáculo y oponiéndose a cualquier división territorial. Para 1909 el objetivo era ya crear un Estado homogéneo con la raza turca dominante.

Comenzada la Primera Guerra Mundial, la pérdida de batallas en el este recayeron como responsabilidad de los armenios y se les declaró la Guerra Santa, cuyo resultado es la aniquilación y dispersión de prácticamente todos los armenios.

Es un tema complejo y delicado porque implica la memoria de dos comunidades: la armenia y la turca. “Si bien los armenios trabajaron el recuerdo, el no olvidar, en la sociedad turca, se trabajó el olvido. Pero solo se olvida algo que alguna vez se recordó”.

La profesora aseguró que el silencio también forma parte de la memoria. Negar va de la mano del genocidio porque “ningún genocida asume lo que hizo, la autoría”.

Asimismo explicó que en Turquía se están dando cambios. Hay historiadores y sociólogos turcos que se han especializado en el Genocidio Armenio, que están trabajando para su reconocimiento.

“Quieren saber qué paso, qué ocurrió, porque, en definitiva, la verdad colabora con la buena identidad y con la buena ciudadanía”, dijo Balian y agregó: “Asumir una memoria sana, justa, colabora con la buena identidad, porque la memoria es la base de la identidad”.