“La democracia sin liberalismo es una aberración”

Conferencia organizada por el Departamento de Estudios Internacionales

El Dr. Oded Balaban brindó la conferencia “Democracia, Liberalismo y Tolerancia”. Balaban, Doctor en Filosofía por la Universidad de Tel Aviv, es autor de diversas publicaciones sobre epistemología aplicada a la historia de la filosofía, y fue galardonado una decena de veces con el premio a la Excelencia Docente del Technion de Israel. En la conferencia, que tuvo lugar el 29 de octubre de 2013 en el Hemiciclo de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales, Balaban disertó sobre los fundamentos filosóficos de la democracia. La charla fue organizada por el Departamento de Estudios Internacionales.

Según Balaban, “la democracia es el único régimen social y político que reconoce que no tiene fuente de legitimidad”. Esto se da porque en la democracia lo decisivo no son los argumentos éticos ni los estrictamente políticos, sino el voto, que es un acto que puede ser considerado eminentemente “irracional” desde una perspectiva filosófica, señaló el profesor. El voto es un “invento”, un método formal para la toma de decisiones colectivas. Y a partir de ahí, se hace lo que la mayoría votó sin importar si los argumentos son racionalmente demostrables, explicó Balaban.

Sin embargo, que la democracia no tenga fuente de legitimidad sustantiva no implica que ésta no sea legítima, aclaró el profesor. Las leyes democráticas no tienen fuente de legitimidad porque la validez se la da el voto de la mayoría. El peso de las mayorías constituye una factualidad opuesta a la legitimidad dada por los valores. En síntesis, las leyes tienen una legitimidad basada en hechos, en el sentido que se dan porque la mayoría las votó y no necesariamente porque estén basadas en valores. De acuerdo al filósofo, “lo que se da, es decir lo que votó la mayoría, no es lo legítimo”. “Es un pensamiento conservador pensar que lo que es, también debe ser”, dijo Balaban. De ahí que “los filósofos se preguntan cuál es la validez de la noción de mayoría”, explicó el profesor.

El problema es que si sólo los valores son fuente de legitimidad, “no habría democracia”: se debería renunciar al voto porque es un acto “irracional” y deberían gobernar por “licitación” los expertos en valores como planteaba Platón, dijo el filósofo.

A medida que fue evolucionando la “conciencia democrática” se impusieron limitaciones para evitar una tiranía de la mayoría, explicó Balaban. Esta “autorestricción” de la democracia se llama “liberalismo”, dijo. Según el profesor, el liberalismo es una “contrapartida” de la democracia. “Ambos son conceptos antagónicos pero necesarios porque uno sin otro sería una aberración”, sostuvo. Son conceptos incompatibles porque en la democracia, teóricamente, se hace lo que la mayoría decide.

Cuando se fijan límites a la mayoría, surge la pregunta acerca de cuáles deberían ser y cómo se hace para determinarlos. La pregunta es cómo la democracia puede defenderse de la tiranía que llega al poder por medios democráticos como lo hizo el nazismo, ilustró el filósofo. Ahí surgen los límites. “Aceptar valores que no comparto es parte de la democracia, pero la pregunta es hasta dónde se deben aceptar”, dijo. “Si hay que buscar límites, la filosofía puede ayudar a hacer una tipología, una escala entre los valores básicos y los que se acercan a lo sublime”. Un valor básico es no asesinar, indicó. Es básico porque se condena al que no acepta no asesinar, pero no se elogia al que no asesina. Un valor sublime por ejemplo es arriesgar la vida para salvar a un náufrago: se elogia al que lo hace pero no se condena al que no lo hace, ilustró Balaban. En esa escala no todos los valores tienen el mismo nivel de aceptación y rechazo.  “Lo que la democracia no debe hacer es alejarse de los valores básicos, y ser muy permisiva y tolerante con valores que tienden a lo sublime”, dijo Balaban. Por ejemplo, “si se es muy permisivo con los valores sublimes se pueden dar situaciones en donde, en nombre de la diversidad, no doy atención médica a las tribus indígenas y las dejo libradas a curanderos para respetar su naturaleza”, ilustró el filósofo.